EL PRECIO DE UNA SONRISA

Centenares de familias pasean cada día por los pasillos del Zoológico de Barcelona entre las jaulas de los animales. Miran hacia ambos lados y sus hijos, impactados y emocionados, sonríen, corren, saltan y gritan. Es evidente lo que ocurre: los niños crean una empatía con los animales que los adultos somos incapaces de crear. Y es por eso que, gusten más o gusten menos, los zoos son una herramienta de aprendizaje y entretenimiento muy importante para los más pequeños de la casa. Pero, ¿qué precio pagan los animales del Zoo de Barcelona para provocar una sonrisa a un niño? La respuesta, tanto para asociaciones animalistas como Libera! o conservacionistas como Depana, como para el propio Comité de Empresa del Zoo, es que el precio es demasiado alto.

Cada año más de un millón de personas visitan las instalaciones del parque de animales, según el web oficial del Zoo. Aunque el cariño que siente la ciudadanía por el Zoo sigue siendo palpable, las personas que lo visitan creen que la gestión que se ha llevado a cabo no ha sido la correcta. La sociedad civil se está empezando a dar cuenta de que el Zoo de Barcelona debe cambiar. Su estado de deterioro, los dormitorios de los animales en el sótano, el mantenimiento de los delfines y actualmente, el boom del caso de culling del pasado mes de diciembre, son algunas de las causas por las que está siendo severamente denunciado tanto por la población civil como por muchas de las plataformas animalistas de este país.

El zoológico sacrificó el diciembre pasado una cría de nilgo, una especie de antílope de grandes dimensiones, porque no tenían instalación suficiente para ella y al no ser una especie en peligro de  extinción, ningún otro zoo la quería. El culling, por lo tanto, es una práctica legal que sirve para gestionar la población de un zoo o así se explica en los manuales de WAZA (World Association of Zoos and Aquariums), organización que unifica los principios y las prácticas de más de 1.000 zoos en todo el mundo. En el apartado 3 del capítulo 4 expone claramente: “La eutanasia puede ser otro de los métodos de control poblacional en determinados casos”, y en el capítulo 9, repite: “Los programas de reproducción que tienen éxito en zoos y acuarios, […] tienen el potencial de producir excedentes. […] Los animales excedentes pueden ser: (1) transferidos a otros zoos, (2) soltados en semi-reservas, (3) reintroducidos en la naturaleza dentro del marco de un programa coordinado de conservación, o (4) evitar que temporalmente se reproduzcan. Si ninguna de estas posibilidades es factible […] entonces puede ser necesario considerar la eutanasia. Si se practica dentro de una política ética, la eutanasia puede ser parte de la gestión de la población, sustituyendo así las pérdidas normales que se producen en la naturaleza.” En 2015, WAZA publicó un documento donde volvía a citar que la eutanasia, o culling, podía ser utilizada sin ningún impedimento legal.

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Cartel en el Zoo donde se puede leer: Nilgo, preocupación menor

Aunque es la primera vez que el zoo de Barcelona se ve manchado por el debate sobre si la práctica del culling es ética o no, no es la primera vez que se practica en este centro. Albert López, ex-entrenador de delfines en el Zoo de Barcelona, contó en una entrevista: “El primer trabajo que hice como becario, en 1976, fue sacrificar un Dingo (perro salvaje australiano). Cuando pregunté porqué lo hacíamos me dijeron que era porque no había instalación suficiente para él.” Albert trabajó 28 años en el zoo y dice que, en todo ese tiempo, no pararon de ocurrir irregularidades. “Sacrificaron un búfalo asiático por falta de espacio. El problema fue que lo mataron con 33 disparos”.

Libera! y Depana denunciaron de inmediato el zoológico ante la Generalitat, a lo que el centro respondió que su denuncia no tendría recorrido porque el culling es una práctica legal. De hecho, el Comité de Empresa del Zoo mencionó en una entrevista: “Para nosotros es el último de los recursos a aplicar, pero muy a nuestro pesar, en ocasiones no hay otra solución, pues no aplicándolo, se vería comprometido el bienestar del individuo”. La coordinadora de campañas por Libera!, Rosi Carro,  por el contrario, mencionó en una entrevista: “Tenemos muchas ganas de ver que pasará con la denuncia, será muy interesante para la ciudadanía ver donde acaba esta denuncia y a quién dará la razón la ley”.

A pesar de que este tema lleva en el debate público los últimos meses, no es la única causa que hace temblar los paradigmas políticos y éticos del parque. El aspecto que presenta ante el público es el de un estado embrionario de las instalaciones. Todo el área de la Sabana está cerrada por reformas, así que los animales, como los elefantes o las jirafas se encuentran en medio de pilones de cemento, polvo y estructuras de hierro. Además, muchas de las instalaciones muestran un cierto tono de abandono, como la vegetación en el área de los osos o las piscinas de los delfines y las focas comunes, construidas en los años setenta, por lo que ya han quedado obsoletas.

De hecho, el Comité de Empresa del Zoo, integrado por 9 trabajadores escogidos libremente por sus compañeros, se creó en el momento en que se dieron cuenta que los animales no se estaban poniendo en el centro de la gestión. El mantenimiento de los recintos de los animales y la jardinería se puso en manos de una empresa externa, BSM (Barcelona Serveis Municipals), con criterios de trabajo incompatibles con el bienestar de los animales, así que los propios trabajadores decidieron actuar.

El tamaño insuficiente de muchos de los espacios donde estos animales viven y des de donde son observados por centenares de ojos cada día, crean, además, patologías de estrés y agobio que son exteriorizadas a través de la agresividad o la pasividad extenuada. Lobos durmiendo en solitario cuando son un animal que se mueve en grandes manadas, flamencos dándose picotazos, monos persiguiéndose, guepardos que sólo se atreven a mover la cabeza u orangutanes que, con tan sólo su expresión, cuentan a los visitantes, su grado de fatiga y aburrimiento… Son algunos de los ejemplos de la ansiedad que sufren los animales.

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flamencos peleándose en el Zoo de Barcelona

Ante esta situación, la asociación Libera! colabora junto con otras asociaciones animalistas internacionales en un proyecto para transformar los zoológicos de todo el mundo. El principal objetivo es no tener que llegar a cerrar los parques zoológicos, la cual cosa sería totalmente nociva tanto para los animales que han nacido y crecido en cautividad como para los usuarios, para los que el zoo es un sitio donde educación y diversión son fácilmente mezclables. El proyecto se sustenta en cinco grandes pilares, como explicó Rosi Carro: “Tiene que ser un zoo ciudadano, es decir, se debe crear un comité ciudadano para regular los parques y evitar la visión mercantilista de las asociaciones que actualmente coordinan los zoos. En segundo lugar debe ser un zoo autóctono, tiene que acabar la reproducción de animales exóticos y sustituirla por sistemas de reproducción de animales que tengan de verdad programas de reintroducción calificables. En tercer lugar, se tiene que cambiar la visión de educación que muestra el zoo. Es decir, es necesario suplantar las actividades que enseñan que existen diversas especies de animales por actividades que, además, expliquen que cada animal es un individuo que tiene unos sentimientos distintos a los demás de su especie. El cuarto pilar del proyecto consiste en la tecnología virtual. Usar la tecnología para enseñar animales exóticos en su hábitat en semi-cautividad y no ver a un león durmiendo detrás de un cartel donde pone: puede llegar a correr 10.000km al día. De esta forma, los datos obtenidos de los animales exóticos en semi-cautividad en sus hábitats reales pueden ser útiles para llevar a cabo estudios científicos. Y por último, potenciar el entretenimiento, es decir, seguir con la idea de zoo”.

Aunque el proyecto es prometedor, Marta Gumà, presidenta de Depana, mencionó en una entrevista: “No podemos dejar los animales a su suerte esperando que el proyecto ZooXXI llegue”. De este modo, Depana y el Comité de Empresa del Zoo de Barcelona colaboran des de 2014 cuando el Comité pidió ayuda a la asociación conservacionista para lograr cambiar la nefasta gestión del parque. Con estas colaboraciones lo que el Comité pretende es poner sentido común a la gestión y que se ponga en el centro de todo el bienestar de los animales, la conservación de su hábitat, la investigación, la sensibilización, el amor por la naturaleza y la biodiversidad. Pero son conscientes que, para lograr tales metas, necesitan una estructura de gestión lógica y personas con experiencia en gestión de animales y que tengan un plan de futuro para la institución, al frente.

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Orangután con una clara patología de aburrimiento

Otro aspecto que debe cambiar es el delfinario y el estado en el que se encuentran los cetáceos que habitan en él. En 2014, Sònia Recasens, presidenta del Zoo entonces, anunció que en 2017 los espectáculos con delfines quedarían prohibidos y se ampliarían las instalaciones de los cetáceos a siete veces las actuales. WAZA ha puesto al parque zoológico como plazo máximo para terminar las obras, el 2018. Aunque muchas ONGs y plataformas animalistas celebraron con entusiasmo la noticia, hay algunas opiniones adversas. Albert López, por ejemplo, opinó al respeto que “los animales acabarán más locos de lo que ya están. El principal problema de la cautividad es el aburrimiento. Los espectáculos, aunque son denigrantes, al menos proporcionan a los animales una distracción”. Rosi Carro, además, comentó que “el problema de los delfines es muy grave y esta reforma no es suficiente. Su espacio en el zoo de Barcelona es completamente ridículo en función de las necesidades de estos animales. Lo estamos debatiendo con el ayuntamiento y aun no se sabe exactamente qué es lo mejor para los delfines”.

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Delfines nadando en el delfinario

Más allá de lo que ocurre a los ojos de los espectadores, el parque zoológico esconde un gran secreto en su subterráneo que en 2012 fue descubierto: los dormitorios de los animales. Ese año llegó un sobre anónimo en manos de Libera! que contenía vídeos y fotografías sobre el estado en el cual se encontraban los animales en sus dormitorios. Estos dormitorios, tal y como se puede ver en las imágenes anónimas, son jaulas de pocos metros donde los animales prácticamente no pueden moverse.  Además, son espacios fríos, húmedos y nada acogedores, más parecidos a una cárcel que a un hogar donde vivir. Leonardo Anselmi, portavoz de la plataforma Prou, opinó en el programa de 8tv Trencadís del 29 de enero de este año: “Los animales se pasan encerrados ahí entre 14 y 17 horas. Algunos, incluso, no han salido jamás a la superficie”.

En 2012 numerosas ONGs, como la asociación animalista Libera! o Franz Weber, denunciaron las instalaciones y pidieron un cambio inmediato del director de entonces, Miquel Trepat y del jefe de veterinarios, Hugo Fernández. La presidenta de Depana, Marta Gumà, tuvo acceso a estas instalaciones después de que el parque hiciera público que se habían mejorado las condiciones de los animales. “Sí que es cierto que muchas de las condiciones de estos animales en cautividad mejoraron, como por ejemplo las jirafas, los hipopótamos o algunos primates. A pesar de esto, lo que no puede ser es que el dinero que se está invirtiendo en el zoo no se aproveche. Se están gastando mucho dinero en remodelar las instalaciones exteriores pero no lo que queda oculto”, explicó la presidenta de Depana en el programa Trencadís de 8tv de hace poco más de un mes. El Comité de Empresa, añadió sobre el tema que ellos mismos no permitirían que se hicieran remodelaciones estéticas de cara al exterior si no se invirtiera en mejorar estos dormitorios interiores.

A pesar de que el zoo aceptó con la cabeza baja las protestas y mejoró algunas de las instalaciones interiores, hace poco más de un año publicó una nota de prensa, que se puede leer a día de hoy en su web, en la que desmentía el estado precario de los dormitorios de sus animales: “En el Zoo de Barcelona no existen dependencias subterráneas de ningún tipo para los animales, que sí disponen de una zona exterior y unos dormitorios interiores a los que pueden acceder por las noches o cuando hay mal tiempo. Los dormitorios del Zoo están diseñados según las necesidades de los animales. Tienen luz, calefacción y otras muchas comodidades. El tiempo que pasa es variable, en función de la especie, la época del año, la meteorología, etc., pero nadie puede decir que estén encerrados 17 horas diarias o que algunos animales nunca han visto la luz.”

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Guepardo encima de un árbol en su jaula

El Zoo de Barcelona, además, esconde otro gran secreto que jamás ha visto la luz y que el ex-entrenador de delfines Albert López, reveló en una entrevista. Se trata de la eutanasia a Floquet de Neu, el primate más querido alrededor del mundo que, según él, fue una cuestión más política que de vida o muerte.

Lo cierto es que Floquet de Neu, en 2003 hacia ya tiempo que arrastraba un cáncer de piel, así que, cuando Jordi Portabella se puso al mando del Zoo, elaboró un protocolo en caso de muerte o de incidencia grave en la salud del gorila. Albert López comentó: “Un buen día, Portabella, quizás porque los sondeos de popularidad lo habían colocado más bajo de lo que él se esperaba, decidió salir en televisión anunciando que Floquet estaba muy enfermo y que no le quedaban más de tres meses de vida. De este modo, invitó a todos aquellos que quisieran despedirse del primate, que acudieran al zoo en esas fechas, cosa que logró grandes colas y afluencia de gente.”

Tres meses después de este anuncio unilateral, Floquet de Neu murió, tal y como Portabella había anunciado. Lo curioso es que, tal y como explica Albert López, el veterinario que practicó la eutanasia al primate, Jesús Fernández, fue promocionado a los pocos días, director del Zoo.

Que el Zoo de Barcelona necesita reformas tanto a nivel político como a nivel de sus instalaciones, es algo tan obvio que incluso los propios trabajadores están presionando a la dirección para cambiar algunas de las leyes internas. El precio de la sonrisa de un niño no puede ser tan alto como para dejar que los animales mueran por el estrés y las malas condiciones. Está en las manos de la sociedad hacer del Zoo de Barcelona un lugar donde, la sonrisa de un niño, sea compartida por todos los usuarios, trabajadores y animales del parque.

Fotografía: Mireia Baró Martínez

Redacción: Mireia Baró Martínez

Agradecimientos a Marta Gumà de Depana, Rosi Carro de Libera!, Albert López y Rosana Gallego del Comité de Empresa del Zoo de Barcelona para haber hecho posible la elaboración con rigor de este reportaje.

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